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El festín de Briccriu

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Para impresionar a sus invitados, Briccriu de la Lungua Envenenada construyó en Emain Macha una fantástica sala e invitó a un festín a todos los hombres del Ulster y de Connacht, rivales tradicionales. Mas nadie quiso acudir. Conocían perfectamente a Briccriu y su afición a la intriga. Pero les amenazó con tan terribles impuestos si se negaban que no tuvieron otra opción.
Ya en el festín era privilegio del guerrero más noble entre los presentes escoger la mejor pieza de carne. Briccriu se apresuró a aprovechar este protocolo heroico, en el que veía ocasión de provocar enfrentamientos. Dirigiéndose sicesivamente a los tres contendientes principales, Loegaire Buadach, Conal Cernach y Cuchulainn, les convenció para que reclamasen la pieza del campeón. Y para asegurarse de que se enfrentaran atizó además a sus esposas unas contra otras.
Tal y como Briccriu había planeado, se produjo una reyerta que sólo la sabiduría de Sencha mac Ailella pudo frenar sugiriendo que los tres heróes dejaran dirimir la disputa a la reina de Connacht, Medb. Tras una terrible ordalía Medb concedió el honor a Cuchulainn. Pero a su vuelta a Emain Macha, Loegaire y Conall afirmaron que la reina había sido engañada y se negaron a aceptar su veredicto.
De modo que los tres acudieron a Munster en solicitud del juicio del gran rey guerrero Cu Roi mac Dairi. Tras realizar nuevas pruebas de valor también este escogió a Cuchulainn. Sin embargo, los otros dos volvieron a negarse a aceptar su derrota.
El problema seguía sin resolver hasta que una noche, estando reunidos en Emain todos los hombres del Ulster, entró en la estancia un gigante andrajoso. Éste retó a Loegaire, a Conall y a Cuchulainn a cortarle la cabeza, diciéndoles que a la noche siguiente volvería para decapitarlos a ellos. Los tres aceptaron. El primero que probó fue Loegaire, quien decapitóo al andrajoso; éste abandonó el lugar con la cabeza bajo el brazo. A la noche siguiente, y habiendo recuperado la cabeza, el gigante volvió para vengarse; pero Loegaire, cobardemente, se echó atrás negandose a someterse.
Lo mismo sucedió en el caso de Conall. Al llegar su turno, solamente Cuchulainn estuvo dispuesto a pagar el precio. Se arrodilló y esperó el mandoble, mas éste no llegó. El gigante se convirtió en el propio Cu Roi mac Dairi, que confirmó la decisión que había tomado anteriormente. A continuación, liberó a Cuchulainn de la ordalía y el héroe fue declarado campeón indisputado de Irlanda.

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